Sólo hay una cosa que el dinero no puede comprar. Sinceridad.
Ella no trae mucho, pero trae lo que quieren. Le dio tres semanas para decidirse. Traía el número en la bolsa. Ella dice que nomás es por uno o dos meses. Tres y ya. Hasta que se pongan al tiro con las deudas. Hasta que salga algo mejor. El pedo es que no hay nada mejor por ahí. Ni por donde anda. Ni por donde va a andar. Nadie lo dice en voz alta, pero esto es lo más chido que se va a poner. Mejor que agarre todo lo que pueda. Mejor que les saque hasta lo que no tienen. Es la primera vez que le pagan bien el jale. Imagínate lo que siente. Resulta que sí trae algo, a pesar de todo. Resulta que trae con qué.
Es legal aquí. Entre más lo ves, menos lo notas. Parte del paisaje. Si el vato trae 200 pesos en la bolsa, alguien lo atiende. Por cinco minutos es otro pedo. Se siente que sí rifa. ¿Quién chingados usa a quién? Si trae más, pues mejor. Hay lana en hacer que un vato se sienta chingón, que es alguien, que le pelan la verga, aunque solo dura una cuadra o dos. Con lana así de buena, está cabrón que una morra se raje, wey. Pa' las aventadas, es como pegarle al melate. Pa' las demás, ni eso. Es toda la luz que tienen en el pinche día.
Al salir de la calle, la vista tarda un poco en acostumbrarse. Aun así, el letrero descolorido apenas se ve en la penumbra. Mira hacia arriba o te lo perderás.
Doce horas. Veintidós vatos. Las otras traen pura lencería. Esta morra: es enfermera, conejita, futbolista, monja. Entra decidida. Sale con la lana.
—Aquí nadie está a la fuerza. Vemos el letrero en la ventana. Pedimos la chamba.
Está tranquis antes de que amanezca. Unos vatos duermen desparramados en las entradas. Traen el pantalón húmedo. Fíjate por dónde pisas. La alcantarilla se volvió a tapar. Un camión se avienta por el charco y baña la banqueta. El letrero dice ABIERTO. La puerta siempre está abierta. Así jala más el negocio.
Una le marca a su bato pa' que venga por ella. Otra para un taxi. Otra camina a la esquina con cara de preocupación. Los morritos ya van a despertar y su jefita ya se fue a la chamba.
—Conocemos un chingo de vatos. Pocos interesantes. Ninguno pa' llevarse a la casa.
Pum. Pum. Pum. Uno en la banqueta. Otro en el umbral. Otro atrás del escritorio.
Carlos Salazar. Diego Montemayor. Platón Sánchez. Reforma. Alguien está tumbando a los que manejan los masajes, uno por uno, a puro plomazo bien puesto en la cabeza.
La enfermera, conejita, futbolista, monja—ella vio cinco kilos de perico en un cuarto de hotel la otra semana.
Lo truenan al jefe esta noche.
Qué pedo. Neta.
Relájate, es nomás un pinche cuento...
¡Ay, papi! A plena luz, al oscurecer, 3:00 AM. Monterrey, centro. Alguien está tumbando a los que manejan los masajes. Uno por uno. Una bala bien puesta en la cabeza. El Metro subió otra vez. Las tortillas también. ¿Sabes quién vende el mejor pozole de este rancho? Las chicas siguen dando servicios. Los tipos siguen pagando. Una bala tiene la última palabra.
Es una historia de los que se piensan intocables y de las que a cambio sí puedes tocar. Es una historia sobre lo que significa ser tomado en serio cuando tu valor se mide en minutos. Es una historia sobre lo que sucede en las sombras, de hasta dónde te lleva y con qué te deja. Es una historia que no se raja, ni aunque deba.
El vicio es la chamba de todos los días. Un chingo de morras le chinga en los masajes que están regados por el Centro. Un desfile de vatos cae a comprarles sexo.
—Algunos de esos orgasmos sí son neta —confiesan las chicas. Se van a su cantón con la renta. Los uniformes de los werkos. Las medicinas pa' la jefita. Un abono pa' el comedor que sacaron en Elizondo o en Elektra.
Es una cara de la ciudad que jala en silencio. Todos saben. Todos se hacen wey. Todos cambian de plática.
—¿Que tengo un kink, dices? —escupió. —Pues chance y sí. Imagínate si no, qué hueva.
Hazte a la idea.
Hay manchas que no se quitan.
Hay manchas que no quieres quitar.
Hay manchas que se quedan en la banqueta.
Hay manchas que se te quedan. Y ya.
Última revisión: 28 de mayo de 2026.
Hay una parte de la ciudad que prefiere el anonimato, que se resiste a la intrusión a menos que, por supuesto, estés allí por negocios.
ABIERTO. Tres en esta cuadra. SOLICITANDO CHICAS. Un corazón con Sharpie lo deja bien claro. El reggaetón se mete por las paredes. Lana. Cierran los antros. Pitan los taxis. Lana. Cuernitos Bimbo y Joya Manzanita del Seven. Lana. Cigarros y un encendedor, económico por favor. Lana. Las morras se paran cada que entra un desconocido. Lana. Se les borra la sonrisa en cuanto el vato escoge a otra. Lana. —Todos opinan, pero si no lo has vivido, no sabes ni madres. Lana. La cubeta de plástico ya se desborda: bolas de papel arrugadas, toallitas húmedas, condones usados. Lana. Lana. Lana.
Monterrey, centro. Uno es de chiripa. Dos, casualidad. El tercero, limpia.Alguien está tumbando a los que manejan los masajes, uno por uno, a puro plomazo bien puesto en la cabeza.
Es mejor trapear la sangre antes de que se seque. El hoyo en la pared puede esperar.
—¿Recuerdas sus caras? —le pregunta él.
—¿Recuerdas las nuestras? —responde ella.
Hay un lado de la ciudad que vive del anonimato. Es a donde caes cuando no encuentras lo que buscas en ningún otro lado. Llegas, te dan lo que vienes buscando. Y vuelves. Lo único real es la feria en tu pantalón y los billetes bien dobladitos al fondo de la bolsa de la chica.
Monterrey, centro. Alguien está tumbando a los que manejan los masajes, uno por uno, a puro plomazo bien puesto en la cabeza.
Las chicas siguen con las cuentas. Los vatos siguen parados en la puerta. Afuera el pinche letrero nomás dice «¡YA ABRIMOS!» Y a alguien todavía le queda jale por hacer.
La violencia y el desmadre de la ciudad les pegan a todos, pero no parejo. Nadie se zafa, pero unos le sacan feria. El letrero dice ABIERTO. La puerta siempre está abierta. La sonrisa es pirata, igual que el nombre.
Trato de Novios es los masajes del centro. Las que los jalan. Los que caen. Sin filtro. Sin miedo. Sin culpa.
Una morra de pelo negro largo y falda negra bien corta ni parpadea cuando un wey entra desde la calle. Hace cuentas. —Yo mero.
Las paredes son de papel. Media docena de «¡Ay, papi!» a la vez. Aguas dónde pisas al salir. Al jefe le dieron uno. El de la puerta otro. Dos charcos. Con el cloro que queda alcanza pa' limpiar.
La matanza le baja tantito. Afuera ruge un camión. En el cuarto de la derecha, la panza de un tipo aplasta a la chica en el colchón. El sudor le cae en la cara.
Antes se contaba esa mamada de que era un medio para un fin. Ahora se levanta chorreando, mea y se vuelve a acostar.
¿Qué chingados nos queda por perder? Échale tu mejor tiro. Con lo que caiga en la mano, pero truénalo.
Normalmente no salen en las noticias, a menos que las encuentren estranguladas en un callejón o mutiladas en un cuarto de motel.
—¡Pásele, caballero! ¡Pásele! Aquí están las chicas. ¡Pásele!
Sonríe en automático y gime como si se la creyera. Todo, puff, y a la chingada cuando se le acaba el tiempo y tocan la puerta o le gritan su nombre desde el pasillo. Lo único real es la mancha en la sábana y los billetes bien dobladitos hasta el fondo de la bolsa de la chica.
—Mira. Este jale te da algo que no te da ningún otro. Tu propia feria. ¿Cuál es el otro plan? ¿Quedarte con un pendejo que te pega, te pone el cuerno y se mama la raya antes de llegar a la casa? Como el que agarró mi hermana. Simón. Ese plan.
Las chicas siempre dicen: —Tú decides qué pierdes. Tú decides qué te duele.
—¡Atrévete, wey! ¡No seas cobarde!
—¿Le entras a esto? Puedes con todo. Pararte encuerada enfrente de un cabrón sudado y apestoso que acaba de entrar de la calle. Y todo el pedo. No te da superpoderes. Ojalá. Pero te da algo.
—Te haces más dura que cualquier pendejo que te la pide a pelo y te agarra de la cabeza.
—Te lo llevas pa' la casa.
Cuando la sangre salpica la pared por la salida atrás del cráneo, una cosa queda clara. Las chicas no son las únicas que se avientan al extremo pa' conseguir lo que quieren. Esa opción está abierta pa' todos.
Las salas de masajes, a la vuelta de tu vida.
Sigue las reglas. Hasta te dan permiso del municipio y todo, bien derechito.
Los vatos se creen bien machos cuando cae la raya. Y entre semana también. Alivio que cae bien mientras dura. Por lo menos unas cuadras.
Las chicas le llaman trampolín. Y de repente, todo se pone al alcance.
Los uniformes de los werkos. Las medicinas de la jefita. El Izzi. El Totalplay. La Comisión. Agua y Drenaje. El tanque de gas pa' la cocina.
—¿Cómo va a estar mal si hace paro? —dicen.
—Mira, toda perra debería hacer esto dos semanas en cuanto cumpla dieciocho. No por la feria. Hazlo pa' que veas cómo jala este pedo en realidad. Qué estás peleando. Cuánto cuesta que no te traguen. Sales de ahí y no le preguntas a nadie si vales. Tú ya sabes.
A plena luz del día. Al anochecer. A las tres de la mañana.
Los encargados, wey. Son los blancos. No las morras. ¡Ufff!
Una es de chiripa. Dos es coincidencia. A la tercera, limpia.
Puros tiros a la cabeza. A quemarropa. Como si alguien quisiera mandar mensaje.
El Buen Fin se adelantó este año. Dos por el precio de uno.
Nunca sobra tener buena puntería.
El jale truena donde el hambre y el antojo se hacen compas y el neón escupe la noche. Dale, wey. Pa' eso es. Nadie dice que no.
Hasta ahorita.
Trato de Novios es los masajes del centro. Las que los jalan. Los que caen. Sin filtro. Sin miedo. Sin culpa.
Las chicas no quieren que les tengas lástima, wey. Quieren que te apures, que termines de una vez pa' brincar al que sigue. Y suelta pa' la propa. ¿Entiendes?
Los tipos agarran sus quince minutos. Se les baja en una o dos cuadras. En cuanto juntan feria ya están otra vez parados en la puerta. No se lo cuentan a la esposa ni a la novia; se lo cuentan entre ellos. Hasta hay un blog en Google. Las chicas se prenden cuando sale su nombre. Es bueno pa'l jale.
Pum. Pum. Pum. Uno en la banqueta. Otro en el umbral. Otro atrás del escritorio. Como serie de la tele. Esto apenas empieza.
Juana fue la primera. Luego Pepe. Después Carlos. Luego Claudia, al otro lado de la ciudad. Sin parar. Carlos Salazar. Diego Montemayor. Platón Sánchez. Reforma. (Ese fue triple: tres en una cuadra.) Alguien está tumbando a los que manejan los masajes, uno por uno, a puro plomazo bien puesto en la cabeza.
¿Abierto?
Cerrado.
Una morra, pelo negro hasta la cintura, con faldita negra, repantigada en el sillón justo enfrente de la puerta abierta pa' la calle. Hoy anda tranquis.
No hay mejor manera de decir «ya no soy tuya» que tronarle la chompa a un cabrón que se lo ganó.
—No vamos en busca de hombres. Ellos vienen a buscarnos a nosotras.
Las chicas de los masajes del centro traen barrio de sobra. «Donde hay feria, hay poder. Donde hay poder, hay sexo. Donde hay sexo, hay feria.» Ya saben cómo son los vatos. Saben qué quieren. Saben cuánto cuesta.
Vatos, tipos, morros...
—Hay de todos tamaños y sabores... hasta que se bajan el pantalón. Ya encuerados, todos piensan con la misma cabeza.
Carnales, perros, pelados...
—Son bien pendejos pa'l sexo. Un pito parado es donde mejor le cuelgas la correa. Nomás diles corazón o cariño o amor y te sueltan toda la feria. Bueno, sí haces más que eso, pero nada real, nada sincero, nada que importe. Nada que no hagas en automático.
—Pendejos todos. Es mecánico...
Los tipos ni en cuenta.
Los werkos, sus uniformes siempre limpios. Ella se encarga de eso. Tenis nuevos. Las libretas forradas. Como debe de ser.
—¿Y a ti qué te importa lo que hago? No le hago daño a nadie.
Se la peló de la asamblea navideña este año en la escuela de su hija. Pero igual va a haber pino y algo abajo. En su día de descanso le ayuda a su hermana con el bebé nuevo. Las cuentas están pagadas. Todas. Hasta la última.
En su bolsa: un boleto de la rifa del salón, un ultrasonido doblado de su hermana, un ticket de condones. Todo de la misma semana. Dos celulares. Es «Mamá» en el grupo de WhatsApp de la escuela y otra cosa en Mileróticos. Krystal. Jazmyn. Nikol.
La mayoría de las chicas llevan vidas de lo más equis, sobre todo las que tienen werkos en edad escolar.
Menos por una madre.
Una noche que pega, levantan más billete que el que mucha raza ve en toda la semana.
Se cogen a weyes que ni conocen. Casi diario. Bueno, no todos son nuevos. Hay unos que ya son de planta. Mejor todavía. Menos sorpresas. Puro cash.
Donde el hambre y el antojo se hacen compas y el neón escupe la noche, no le muerdes la mano al que te da de tragar. Le truenas la cabeza.
—Te quedas con la mirada y ya. Luego luego te avientan dinero, todo el corte del día, como si con eso se comprara. Uno se meó encima. En serio. Ninguno tiene los huevos para decir perdón. Ni modo. Lo truenan al jefe esta noche. Qué pedo. Neta.
SOLICITO CHICAS, dice el letrero. Hay uno en esta cuadra, y en la que sigue, y en la que sigue. Esto es depredación a escala industrial. Y chance es más grande todavía.
Las chicas hablan pelón de todo el desmadre. Lo que piensan de los hombres. Cómo se miran. Qué cuesta hacer el jale. Qué importa y qué vale madre, y por qué.
Trato de novios es inventado, pero no miente. La historia se va contigo a tu casa, y esta noche no duermes solo. ¡Pásele, caballero! ¡Pásele! Aquí están las chicas. Las caras cambian. La cuadra es la misma. Mañana es otro pedo. No lo vas a olvidar.
Llámalo confesión de un delito en caliente.
Donde el hambre y el antojo se hacen compas y el neón escupe la noche, no le muerdes la mano al que te da de tragar. Le truenas la cabeza.
Actos descarados de violencia, narrados por el perpetrador, acompañan una mirada sin pelos de hasta dónde se avienta la gente por lo que quiere, una mirada desde ambos lados de la transacción.
Cada quien se lleva lo que vino a chingarse.
Ellas se van con la renta y con ganas de volver mañana.
Tú te vas con la sonrisita que te dura tres cuadras.
Nomás hay una pregunta. ¿Qué se necesita pa' monetizar lo humano? ¿Qué se necesita pa' agarrar una tajada del pastel?
Como dicen las chicas: —Algunos de esos orgasmos sí son reales.
¿Qué prefieres creer?
Los que miran se hacen pendejos.
Los que la hacen ya andan buscando al siguiente.
Al cerrar la noche, todo está claro. Ella va a lo suyo. Tú vas a lo tuyo.
¿Quieres un consejo? Sal de ahí antes de que truenen los cuetes. Mejor aún, invítala a un café. Ya mero amanece. Le gustaría. Nunca se sabe. A lo mejor hoy sí tienen suerte los dos.
El problema.
—¿Qué haces? ¿Por qué escribes esto?
Sus ojos me decían que realmente quería una respuesta.
—Quiero darte voz —el héroe habló, orgulloso de sí mismo.
—Tengo voz —respondió ella—. El problema es que nadie la escucha.
—¿Entiendes? —ella casi escupió—. Apunta eso. Publica eso.
Opciones.
—Leí lo que escribiste —ella empezó—. Tenemos que aclarar algo
La expresión de su rostro decía que me lo merecía.
—Escucha. No sientas pena por mí. Ni te atrevas a sentir pena por mí. Yo elegí esto. De todas las cosas que puedo hacer, esto es lo que mejor me funciona. Si hubiera tenido mejores opciones, podría haber tomado mejores decisiones, pero no las tenía. Tomé lo que tenía a mano y tomé la mejor decisión posible.
—Déjame decirte algo más. He vuelto a esto varias veces y lo sabes. Y seguiré haciéndolo hasta que encuentre algo mejor, pero sea lo que sea, que sea bastante bueno, porque esto realmente me funciona.
Las palabras adecuadas.
—Todos somos animales y nos chingamos el uno al otro cada oportunidad que tengamos.
Déjalo en manos de esta. Tiene un don para encontrar las palabras adecuadas.
—Lo ves a diario —ella continuó—. No me digas que no. Está detrás de cada titular que publicas. Es la razón por la que tienes un trabajo. Algunas simplemente somos más directas al respecto.
Lo que realmente importa.
—¿Te crees algo, ¿verdad? Conseguiste meterle la verga. Ella gimió por ti.
—¿Sabes qué? No conseguiste nada realmente importante.
—No estabas invitado a la fiesta de cumpleaños de su hijo.
—O al velorio de su mamá.
Se esfuerzan más.
—Sí, hablamos de los tipos a sus espaldas. Está chido para una risa de vez en cuando. Todas las chicas están de acuerdo. Los guapos son los más decepcionantes. Mucho ruido y... ¿ya está? ¿Eso es todo? Los de aspecto promedio se esfuerzan más. Tengo muchas más probabilidades de llegar al orgasmo con un tipo que se esfuerza que con uno que piensa que es un campeón porque tiene un cuerpo musculoso y lleva un traje caro.
Dos razones.
—Hay dos razones por las que las chicas se involucran en esto, —comenzó ella—. Una es para apoyar a sus familias. La otra es porque les gusta estar en medio de la mierda.
Gracias.
—Aún no he terminado de enojarme contigo —ella dijo—, pero quería decirte algo.
—Contaste nuestras historias. Sabía que lo harías. Gracias.
Dicho esto, se dio la vuelta y se alejó. No miró atrás.
Yo sabía que no lo haría.
¿Qué te llevó a escribir sobre esto? Nadie habla de esto ni lo hace de esta manera. A la gente le gusta pintar eslóganes en las aceras e insiste en que eso marca la diferencia, pero nadie habla de cómo es realmente vivir aquí y lidiar con esto a diario.
...bájale de huevos cabrón deja de estas mamadas no sabes con kien te estas metiendo no te lo voya desir dos veces...
No puedes sentir lástima por alguien que ha elegido su camino en la vida. Quienes quieren meterse en la mierda, se meten en la mierda. Saben lo que están haciendo. Todas quieren estar allí. Si no, no estarían. Eso no va a cambiar.
...aléjate de mis chicas, ojete, si no quieres acabar hecho pedazos en una hielera y con tu cara en el cartel de los desaparecidos...
Monterrey tiene mucho más que ofrecer aparte de la C. Villagrán. ¿Por qué no visitas los museos? Deja la Viagra, digo, Villagrán. ¡Haz algo saludable por una vez! Tenemos más que putas en Monterrey. ¡Mundial 2026!
¿Escribiste una historia sobre las putas? ¿En serio wey? ¡Qué dulce de tu parte! ¿Por qué no escribes algo sobre la gente que se levanta temprano para ir a chambear todos los días? Los que no toman el atajo... También tienen vidas que importan con cosas que decir e historias que contar...
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No eran los asesinatos lo que importaba. Fue la historia de amor.
It wasn't the murders that mattered. It was the love story.
Sólo hay una cosa que el dinero no es capaz de comprar: la sinceridad.
There's only one thing money can't buy. Sincerity.
¿Hasta dónde llegarás para conseguir lo que realmente quieres?
How far will you go to get what you really want?
Nada expresa amor como apretar un gatillo.
Nothing says love like pulling a trigger.
Hay cosas mejores que el sexo. Matar es una de ellas.
Some things are better than sex. Killing is one of them.
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